'All inclusive' en la ciudad
de la eterna primavera

Por: Carolina Serrano Roldán


Este reportaje busca ofrecer una mirada crítica sobre las tensiones entre el desarrollo turístico de Medellín y su memoria colectiva, marcada por el narcotráfico, la violencia y la desigualdad. A través de testimonios, expertos, cifras, análisis histórico y observación de campo, ‘All Inclusive’ estudia el fenómeno del turismo masivo y su impacto en lo local, con aristas como la gentrificación urbana y la explotación sexual en contextos turísticos.

Más allá de una denuncia, el objetivo es invitar a la reflexión, en especial sobre las narrativas que se construyen en torno a la ciudad y las formas en que estas son capitalizadas por distintos actores, desde el Estado hasta el turista extranjero. Medellín, presentada internacionalmente como una ciudad resiliente y moderna, convive con heridas abiertas y contradicciones profundas que merecen ser contadas con rigor.

Este trabajo no busca imponer una verdad, sino generar preguntas incómodas que inviten al lector a pensar sobre los límites entre la resignificación y la mercantilización del dolor.

Marina me enseña el nombre de las matas que crecen en su jardín: gardenias, alelíes, crisantemos y girasoles. ¡Qué derroche de belleza! No falta un color, y todos los aromas están presentes. Escandalosa lujuria de esta tierra donde brota el milagro por el amor de un corazón y unas manos de mujer.

Ciudad de mis amores


Qué lindas son las flores que crecen en mi ciudad, los guayacanes que se tiñen de amarillo en enero, ¿o julio?, da igual, porque el clima siempre es el mismo. Qué lindas las montañas que la rodean, custodiando un valle donde el río corre libre y la música, y las guacamayas, y la gente. Pero pasa que esas montañas no te permiten ver el horizonte y eso que florece te mantiene nostálgico. 

Medellín es, sin duda, tan lindo como es complejo, donde la alcurnia contrasta con lo moderno y lo marginal. A simple vista, un rincón del mundo donde Dios viene a ver a unos cuantos y al resto, quizás, los deja atrás. Los años 80 y 90 fueron para la ciudad uno de los períodos más complicados que algún territorio pudo vivir: bombas, atentados, toques de queda, sicariato, vacunas y un sinfín de problemas que la convirtieron en el epicentro mundial del narcotráfico. Aun así, más de 30 años después de la muerte de Pablo Escobar, el paisa quiere creer que Medellín es más que ese recuerdo doloroso y entonces la idea de una ciudad que renacía de las ceniza se convirtió en la meta que, como caballos con anteojeras, perseguimos haciendo caso omiso a lo que dejábamos atrás.

Miles de millones de pesos se han invertido en campañas para mejorar la imagen de la capital antioqueña, de pronto entre el negacionismo o la misión de maquillar la realidad, la cocaína que financiaba a la ciudad pasó a un segundo plano. Así, poco a poco, fue reconstruyendo Medellín su tejido social y económico, entre elogios, empeño y debates sobre qué hacer con la memoria colectiva, una que no se borraba ni del recuerdo del local ni del imaginario del turista. Y es que la ciudad aprendió a contar otra historia. Una historia de progreso y de resiliencia que resultó atractiva para el mundo.

Medellín ahora está más bonita que nunca, a simple vista es una ciudad limpia, con un estilo arquitectónico característico, es moderna, llena de zonas verdes y de proyectos de infraestructura diseñados tanto para la comodidad del local como la del visitante. En la capital antioqueña hay un crecimiento importante de la industria, tanto textil —algo que siempre la ha caracterizado—, como de desarrollo sostenible, tecnológico y hubs. Es una ciudad de emprendedores y todas esas cosas la convierten en un destino al que le quedan muchísimos años de auge tanto económico, como turístico y social.

Pero en este panorama de repente positivo, queda aún el fantasma de un pasado violento. Las drogas, evidentemente, no han desaparecido y los cárteles mucho menos, solo que ahora operan por debajo de la mesa y, en ocasiones, hasta con el aval de diferentes entidades gubernamentales. La oficina de Envigado es la gran heredera de lo que algún día fue el cártel de Medellín comandado por Escobar y, ahora, son ellos los que se encargan de regular la oferta de ocio nocturno y vigilar, para bien o para mal, todo lo que sucede en la ciudad. 

Ahora bien, dentro de este contraste de realidades, el sector más marginado hace negocio con lo que le funciona: fiestas, sexo y drogas, pero también se mercantiliza, se banaliza y se instrumentaliza una historia de terror. El problema radica entonces en saber qué lado resulta más atractivo para el turista extranjero. ¿Qué buscan en Medellín?, ¿qué se llevan de la ciudad?

República cocalera

Ni Colombia ni la ciudad de Medellín son ajenas a la violencia. El país cafetero es un paraíso natural pero, precisamente, su geografía favorece a que sea sumamente desigual, con territorios de baja estatalidad y donde se aplica la ley de manera irregular. Hace siglos que el país vive en un constante conflicto armado, uno que no cesa desde los días de la ‘patria boba’, días en los que ni siquiera se le podía llamar Colombia, pero la particularidad de la ciudad se hizo sentir a partir de los años 80. 

Medellín se ganó a pulso la fama de ser la ciudad más peligrosa del mundo: 6.810 personas asesinadas en 1991, según el Centro de Memoria Histórica, fueron nada más la punta del iceberg. La ciudad estaba atizada por una suma de factores que la hacían aparentemente inhabitable: guerrillas, paramilitares, sectores de la fuerza pública y crimen organizado, es decir, narcotraficantes, bandas y combos, pero también la violencia común, intrafamiliar, callejera y vecinal.

Según cifras oficiales suministradas por el Observatorio del Centro Nacional de Memoria Histórica y de la Unidad para la Atención y la Reparación Integral de Víctimas (UARIV) se calcula que en Medellín, entre 1980 y 2014, al menos 132.529 personas fueron víctimas reconocidas del conflicto armado

"En los años 90 fuimos la ciudad más peligrosa del mundo. Uno se levantaba y decía, madre, dónde fue la bomba hoy. Eso es un tema que nos tocó vivir a nosotros"
Jose Alejandro González
Secretario de Turismo de Medellín

Que la historia la cuenten las víctimas

"La ciudad de Pablo"

Aunque no toda la violencia que se vivía en Medellín tenía que ver con la figura del ‘Patrón’, pues existían otros factores: las bombas en la ciudad, las masacres de jóvenes, los ataques terroristas y con explosivos o el miedo y la zozobra colectiva, fueron motivo suficiente para que la imagen de la capital antioqueña se hiciera pequeñita al lado de quién fue Pablo Escobar. 

Curiosamente, Escobar planteaba una resistencia abierta a las élites por sus pretensiones de reivindicación social y así se movía como el gran maquiavélico que era, muy temido o muy amado, pero nunca odiado. Nacido en 1949 en Rionegro, Antioquia, ‘El Patrón’ encarnó lo que es la “resolución privada del conflicto social”, es decir, actuó como prestador de justicia, salud o vivienda donde el Estado no llegaba.

Inició su carrera delictiva en actividades menores (contrabando, robo de lápidas, estafas), pero encontró su verdadero poder al ingresar al negocio de la cocaína, una industria incipiente en los años 70. Durante los años 80, Escobar consolidó el Cartel de Medellín, convirtiéndose en el narcotraficante más poderoso del mundo. Según el periodista y académico, Omar Rincón, este personaje controlaba entre el 70% y el 80% del mercado global de cocaína.

Pero no se quedó ahí. Escobar aspiró al poder político y fue elegido como congresista suplente en 1982, construyó obras como canchas, barrios y vivienda popular en Medellín. Alonso Salazar, exalcalde de Medellín, en su libro La parábola de Pablo, lo define como “un bandido con alma de estadista”. Aun así, el verdadero caos no llegaría sino hasta el asesinato de Rodrigo Lara en el 84, cuando el ‘Cartel de Medellín’  desata una guerra frontal contra el Estado colombiano para evitar la extradición de Escobar a los Estados Unidos.

Tras su muerte en 1993, Escobar se convirtió en un símbolo global. La industria audiovisual lo transformó en un personaje, un mito. Su tumba es visitada a diario por turistas extranjeros. Su casa se convirtió en hotel. Su historia, en mercancía.

Escobar dejó un legado gigante, pero ambivalente, tanto así que redefinió las dinámicas culturales de la ciudad dando paso a la narcocultura. Omar Rincón, define este concepto como una serie de valores, criterios, estética, prácticas, experiencia y modos de existir en la sociedad, que determinan una puesta en público de un gusto, un saber o una ética.

El caso de Medellín es que se luchó en el lado de la guerra, se luchó en la economía, se luchó en el campo legal creando unas penas durísimas para los narcos, pero nunca se trabajó sobre el impacto cultural

Por más difícil que parezca la capital antioqueña ya no quiere ser la de antes. Desde la alcaldía Medellín se ha hecho una labor incansable por derribar o, para algunos, ‘ocultar’, el paradigma que rodea a la región, sobre todo de cara a la marca de ciudad y a nivel internacional. José Alejandro González, secretario de Turismo de Medellín, comenta que hace dos administraciones, las entidades gubernamentales, en especial, la Secretaria de Turismo ha hecho no solo por crear, sino también fortalecer el lema “Medellín aquí todo florece”.

Esta no es la primera campaña que se ha hecho en este sentido. Estuvo la de “Medellín: la más educada” (2004–2011), impulsada por Sergio Fajardo; “Medellín, un hogar para la vida” (2013), de la administración de Aníbal Gaviria; “Medellín, la más innovadora”, a raíz del premio que el Wall Street Journal, CitiBank y el Urban Land Institute le otorgaron a la ciudad, entre muchas otras campañas, como la demolición del edificio Mónaco para construir el parque de la inflexión y los ejercicios de memoria colectiva impulsados desde el Centro de Memoria Histórica. ¿Pero es todo esto un lavado simbólico o una revalorización?

La ciudad, que vivió el dolor profundo de la violencia durante la época de Pablo Escobar, ha intentado reconstruir su imagen, pero los residuos simbólicos de ese pasado continúan influyendo tanto en la percepción externa como en las prácticas internas

Parque temático

El crecimiento turístico de Medellín está respaldado por datos. Si bien aún le quedan décadas para llegar a los niveles de visitantes que tienen ciudades consolidadas como referentes turísticos, el aumento ha sido evidente, en especial, para los locales que ven cómo sus calles, sus restaurantes favoritos, sus barrios quedan poco a poco a merced del visitante. El exsecretario de Turismo de la Gobernación de Antioquia, Juan David Blanco, afirma en cifras aproximadas que desde la pandemia la capital antioqueña ha crecido el doble en cuestión de número de visitantes. 

Según Blanco, en el departamento de Antioquia, “pasamos de 200.000 a 400.000 en el segundo año post pandemia y luego casi 700.000, hasta el año pasado que cerró en 800.000 visitantes extranjeros no residentes”. En Medellín la situación es similar, ya que desde la Alcaldía se espera que la capital antioqueña reciba a 1.8 millones de turistas en este 2025, (cabe aclarar que esta cifra corresponde solo a viajeros que entran directamente por el aeropuerto internacional José María Córdova). Haciendo un recuento a partir de la pandemia, las visitas han aumentado en un 76,2 %, así como la ocupación hotelera —la mejor del país durante el 2024, superando incluso a la de Bogotá— y, por su puesto, el dinero que se queda (más de US $700 millones al año), todos buenos indicadores para una ciudad acostumbrada a las malas noticias.

El secretario de Turismo de la ciudad, González, afirma que desde la secretaria se mide todo: quién llega, cuánto tiempo se queda, para dónde va, cuál es el motivo de viaje, si es hombre, mujer o niño, si viene solo o en pareja, la nacionalidad de donde viene, etc. También se han estado haciendo investigaciones de cuánto gasta, en qué zona de la ciudad se lo gasta y en qué lo gasta. De acuerdo con los estudios compartidos por el cargo, las nacionalidades que más visitan Medellín son EE.UU, haciendo un gasto promedio en hotelería de 150.000 millones de pesos (6.848 euros), Panamá, República Dominicana, México y Perú. De ahí le siguen algunos países europeos como Países Bajos, Francia y España.

Los datos de Migración Colombia señalan que en lo que va del 2025 han llegado, por punto migratorio del aeropuerto José María Córdova, 472.114 pasajeros, de los cuales 62.5 % corresponde a visitantes extranjeros no residentes en la ciudad, aumentando un 13.5 % comparado con el mismo periodo de 2024.

Sin embargo, el auge no llega solo. Entre las razones del atractivo turístico, uno de los más polémicos ha sido siempre el denominado ‘narcoturismo’, un fenómeno que ha convertido los escenarios de violencia en destinos codiciados por el morbo. Y es que mientras la ciudad hace todo por proyectar una imagen moderna y resiliente, muchas de sus visitas siguen ancladas a la figura del capo. 

Las memorias de la violencia narco —bombas, asesinatos, desplazamientos, reclutamiento de menores o desapariciones— son convertidas en relatos digeribles para el consumo extranjero, empaquetadas en tours que prometen “vivir la historia del cartel”. Y es que lo único que hay detrás de esto es la mercantilización del trauma que transforma la tragedia en escenarios para selfies y souvenirs. Según confirma la Secretaría de Turismo, los tours sobre el narcotráfico —muchos de ellos informales— son especialmente populares entre estos viajeros norteamericanos.

Claudia Giraldo, académica e investigadora en el ámbito del narcoturismo en Medellín, afirma que “los turistas llegan pensando que Pablo Escobar fue un héroe”, motivados por blogs o contenidos ficcionados. Visitan tours como el del “Osito”, que se promociona como museo, pero carece de un enfoque pedagógico. Reportajes locales confirman que existen al menos 15 narcotours activos en Medellín, muchos destacados en plataformas como Tripadvisor. De hecho, desde el 2013, la misma ONU alertó que el narcoturismo vinculado al consumo de drogas y explotación sexual estaba atrayendo turistas, quienes creían que las regulaciones de la ciudad eran permisivas con los extranjeros. 

Un estudio publicado por Open Edition Journals titulado ‘Turismo oscuro, “turismo Netflix”: apuestas y conflictos de los actores en Medellín’, señaló que cerca del 25 % de los turistas extranjeros visitaban la capital antioqueña motivados por la narcocultura y la narco-ficción. Cabe aclarar que el narcoturismo no es necesariamente malo, pero sí que depende de quién cuenta la historia y desde qué lugar, porque Escobar no puede continuar elevado a mito a través de la narrativa del antihéroe y su legado no se puede convertir en una forma de “capital cultural del crimen”.

Proliferaron tantas imágenes de Pablo, que ya no sabemos cuál, o quién, es Pablo Escobar

Todas las administraciones han presentado enfoques diferentes en la materia: Sergio Fajardo, alcalde de Medellín durante 2004–2007, poco o nada hablaba del fenómeno narco, mientras que Alonso Salazar (2008–2011) veía la situación como la necesidad de hablar de ello desde una memoria crítica. Aníbal Gaviria (2012–2015) y Federico Gutiérrez (2016-2020 y actual alcalde de Medellín), por su parte se posicionaron de manera más contundente contra el narcoturismo, denunciando los tours que glorifican a Escobar.

Jose Alejandro González, secretario de Turismo comparte que desde el Gobierno se está haciendo un trabajo importante con los empresarios para que la historia se cuente desde el lado de las víctimas, sin necesidad de ocultarla, ni estigmatizar lo que ellos están vendiendo. Siguiendo la línea de la secretaria, la misma ciudadanía ha impulsado espacios como el Museo casa de la memoria, pero no se puede quedar ahí, también habría que fortalecer el relato en las comunas donde algo pasó, porque allí sí que vive gente. 

"La gente se aterra que caminas por la 13 y en la ventanita que está ahí a la derecha, ahí vive gente. Es increíble para un turista"
Jose Alejandro González
Secretario de Turismo de Medellín

Medellín cuenta entonces con una gran ventaja y es esa de la memoria viva. Cada ciudad tiene una historia, pero en la capital antioqueña se vive con ella. Quizás la ciudad ha entendido que un pueblo que no recuerda su historia está condenado a repetirla y por eso se han creado espacios resignificados ¿o comercializados?

En 2019, por ejemplo, la alcaldía liderada por Federico Gutiérrez ordenó la demolición del Edificio Mónaco, antigua propiedad de Pablo Escobar, como gesto simbólico para “darle dignidad a las víctimas”. En su lugar se construyó el parque “Inflexión”, diseñado como memorial no desde la historia del capo, sino desde el dolor de quienes sufrieron la violencia del narcotráfico. Eso sin mencionar el relato de la Comuna 13, esa que pasó de ser uno de los epicentros más violentos del conflicto armado urbano —especialmente durante la Operación Orión en 2002— a convertirse en símbolo de resistencia cultural, transformación social y destino turístico global.

Estas iniciativas conviven con ese narcoturismo comercial, lo que ha generado una tensión constante entre la memoria institucional y la memoria popular, o entre la pedagogía del Estado y el consumo simbólico del visitante. Está claro que no siempre sucede esta manera, a veces el narcoturismo se basa más en una curiosidad morbosa que en ansias de ser idolatrar al capo, pero, lo cierto es que este fenómeno da pie al consumo de sustancias psicoactivas y el consumo de servicios sexuales y todo lo que se imaginan puede ser la vida de un narco

Burdel a cielo abierto

Uno de los lastres más grandes que carga la mujer paisa es probablemente su belleza, siempre impoluta, complaciente y femenina. En Medellín, ciertas zonas turísticas han pasado de la discreción al descaro. Lo que antes se negociaba en la sombra, ahora ocurre con en aceras, bares y plataformas digitales. La explotación sexual en contextos turísticos, históricamente invisibilizada, se ha convertido en una parte alarmante del paisaje urbano en sectores como Parque Lleras, Provenza y Laureles. En 2023, 1.259 casos de explotación sexual de menores fueron registrados en Medellín, según la Fiscalía y cifras oficiales divulgadas por la Alcaldía, “un aumento de casi el 60 % frente al año anterior”.

Por otro lado, la Fiscalía también contabilizó cerca de 370 extranjeros vinculados a casos de explotación sexual de menores en la última década y más de 3.400 denuncias entre 2019 y 2021. Además, se ejecutaron operativos con extinción de dominio sobre seis hoteles, un parqueadero y un inquilinato vinculados a explotación sexual infantil durante el año pasado. Con todo esto, solo 12 personas extranjeras fueron detenidas por este delito, frente a solo una registrada en 2023. 

De manera coloquial este tipo de práctica es conocido como ‘turismo sexual’. Sin embargo, desde asociaciones y ONGs como ‘Valientes Colombia’ o ‘Asociación Palco’, nos piden que nos despojemos de ese término porque normaliza realidades de explotación y encubre delitos como la trata o el abuso infantil. 

El turismo tiene un montón de tipologías, existe el turismo de aventura, de naturaleza, cultural, histórico, gastronómico, entre otros. Entonces, al denominar la explotación sexual como un turismo sexual, estamos reconociendo una práctica legítima

Desgraciadamente, no se trata de un fenómeno exclusivamente colombiano, ya que también sucede en otras regiones del mundo con Tailandia, México o Brasil. Esta práctica puede implicar relaciones consensuadas con trabajadoras/es sexuales en contextos donde la prostitución es legal o derivar en prácticas abusivas cuando conlleva coerción a menores de edad o trata de personas. 

Y es que la línea que divide el turismo sexual consentido de la explotación sexual es bastante difusa en contextos como los de Medellín, donde existe una desigualdad tan amplia de poder económico y cultural entre el turista y quien ofrece el servicio. Esto es algo que definitivamente difiere del “turismo” que se realiza en algunos países europeos y zonas específicas, como el Barrio Rojo de Ámsterdam, donde las trabajadoras sexuales son sujetos de derecho. 

Por si fuera poco, el auge de la explotación sexual en contextos turísticos en Medellín ha encontrado en los espacios digitales un canal clave para operar con aparente legalidad y alta eficacia. Aplicaciones como Tinder, Facebook, Instagram e, incluso, plataformas de alojamiento como Airbnb, han sido utilizadas para contactar, ofertar y facilitar encuentros con trabajadoras sexuales, sin mediar regulación alguna. 

Las plataformas, que escapan a la vigilancia directa de las autoridades locales, permiten crear redes transnacionales de explotación que se camuflan dentro del flujo normal de turistas. Así, el algoritmo se convierte en aliado silencioso de un negocio turbio que avanza más rápido que la capacidad institucional para frenarlo.

Las redes sociales posibilitan que los extranjeros y también residentes locales se conecten de forma directa con las mujeres y los menores de edad y eso ha ido cambiando la modalidad del intermediario, o la persona que hace proxeneta

¿Las autoridades dónde están?

La Asociación Hotelera y Turística de Colombia (COTELCO), seccional Antioquia, asegura que los hoteles están muy atentos y comprometidos con reportar de inmediato a las autoridades competentes, como la Policía de Infancia y Adolescencia, en caso de que un menor de edad intente ingresar sin justificación a un establecimiento.

"Desde Cotelco tenemos un acercamiento muy especial con la Policía, tenemos un chat con la de turismo (…). Además, desde Cotelco Nacional tenemos una cartilla que se llama Alerta hotelera, que incluso los que no están afiliados podrían utilizar este manual."
Sandra Restrepo
Directora regional de Cotelco

Como en la Asociación Hotelera, en la ciudad la lucha contra la explotación sexual con fines turísticos se ha intensificado en los últimos años. La Alcaldía de Medellín, bajo el mandato de Federico Gutiérrez, implementó en 2024 un toque de queda para menores no acompañados en zonas turísticas como El Poblado, Provenza y el centro, junto a una prohibición temporal de la prostitución en áreas de alta afluencia turística. Estas medidas buscaban reducir la exposición de menores a redes de explotación, aunque han sido cuestionadas por su efectividad a largo plazo.

A nivel nacional, diferentes instituciones como el ICBF, la Policía, el Ministerio de Comercio, alcaldías y organizaciones civiles han unido esfuerzos para combatir la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes con fines turísticos con campañas como “Ojos en Todas Partes” y “Turismo Responsable”. El punto es sensibilizar tanto a prestadores de servicios turísticos como a los viajeros, fomentando la denuncia y el rechazo frente a cualquier forma de abuso sexual. 

El secretario de turismo de Medellín, José Alejandro González, comenta que desde la alcaldía de Federico Gutiérrez se ha instaurado una política de tolerancia cero con ayuda de los locales que él considera “los ojos de las autoridades”. Esto, sumado a los esfuerzos de fortalecer los lazos con Estados Unidos para blindar el turismo en Medellín y alejarlo de la explotación sexual infantil, con mecanismos como el sistema Angel Watch, que alerta a Migración Colombia sobre visitantes con antecedentes en delitos sexuales, logrando la expulsión de 42 extranjeros en 2024. 

Aun así no todos están de acuerdo con el enfoque de la alcaldía o la gobernación. La gestión ha tenido críticas respecto lo punitiva que ha sido sobre la labor de las trabajadoras sexuales. Desde la fundación “Putamente poderosas”, una plataforma por los derechos humanos de mujeres y diversidades que ejercen el trabajo sexual. Aurora, voluntaria, comenta que no se ha hecho ningún trabajo para velar por la seguridad de las mujeres mayores de edad, que por “x o y motivo” ejercen la prostitución.

Nuestro alcalde es muy de derechas, entonces son cosas que no le atraviesan. ¿Cuántas veces ha intentado tumbar la secretaría de las mujeres en este periodo? Los derechos de las mujeres no son un asunto que sea relevante para él y si nuestros derechos no son importantes mucho menos los de las trabajadoras sexuales

La asociación Palco, al Servicio de la Comunicación en pro de causas sociales, también ha hecho un llamado de atención a las instituciones como la Secretaría de Turismo, que insiste en una estrategia de resignificación, aunque muchas veces se percibe que quienes comunican estos esfuerzos no tienen una comprensión profunda del contexto.

"Una mamasita paisa"

No hace falta ir muy lejos para darse cuenta de que el estereotipo de la mujer paisa trasciende fronteras. “Una mamacita desde los 14”, resuena en la radio bajo el código telefónico de nuestro país (+57). Y es que la canción lleva a término lo que se piensa de una mujer de Medellín: erótica y exótica, sensual y voluptuosa. Así se sostiene un relato donde la mujer se convierte en símbolo turístico, decorativo y consumible. 

La exaltación de la estética hipersexualizada en publicidad, televisión, música y relatos de viaje refuerza la idea de que Medellín es una ciudad donde la belleza femenina es abundante y accesible, contribuyendo así a un ecosistema cultural donde lo femenino se asocia más con lo disponible que con lo autónomo.

La música urbana ha jugado un papel central en la consolidación de esta estética de la mujer paisa como objeto de deseo global. Letras explícitas, videoclips con planos cerrados del cuerpo femenino y la narrativa del “perreo” se han hecho populares de la mano de Karol G, Maluma, J Balvin, Feid, Blessd, Ryan Castro, etc. Si bien esto no es necesariamente malo, y de hecho, ha contribuido a poner Medellín en el mapa, sí levanta interrogantes respecto al efecto que esta industria puede tener sobre la población local.

"Con la industria cultural del reggaeton y un poco lo que esto ha traído con las letras de las canciones lo que uno se imagina el paraíso de la perdiz de las mujeres, las drogas y el alcohol"
Juan David Blanco
Exsecretario de Turismo de la Gobernación de Antioquia

Medellinificación

El crecimiento exponencial del turismo en Medellín ha tenido un impacto directo sobre barrios que hasta hace unos años eran esencialmente residenciales. No podemos tapar el sol con un dedo. El crecimiento económico que se genera a costa del turismo es bueno para muchos sectores de la sociedad que han sabido sacar provecho de ello, pero también ha sido el detonante de un aumento de precios generalizado, no solo a nivel vivienda, pero también bienes y servicios. Lugares como Barcelona, Baleares, Canarias, etc., han visto con sus propios ojos lo que el turismo desmedido puede causar. 

La llegada masiva de inversión extranjera y el auge de plataformas como Airbnb han provocado un proceso silencioso pero acelerado de gentrificación, sobre todo en sectores como El Poblado, Provenza y La Candelaria. Está claro que lo que alguna vez fue un tejido de dinámicas barriales es ahora es un corredor de cafeterías de diseño, ‘rooftops’ con nombres en inglés y residencias temporales con precios inalcanzables para los locales que cobran en una moneda 4 veces inferior al dólar o al euro. 

En palabras de González, secretario de Turismo, “Medellín no está teniendo un fenómeno de gentrificación, por lo menos no comprobado”. Sin embargo, la presión ya se siente en los bolsillos de los ciudadanos que no caen en la negación. El mismo secretario lo admite: “tampoco vamos a decir en la ciudad que nada pasa y sí está, sí está pasando”. Diversos académicos advierten que la gentrificación turística es difícil de identificar con precisión, ya que muchas veces se camufla bajo conceptos como “revitalización” o “renovación urbana”, transformando los barrios en espacios que priorizan el confort extranjero por encima de las necesidades locales.

"Alguna vez el alcalde de Guatapé me contaba que muchas personas se quejan porque una familia que vivía cerca del parque pagando un millón de pesos de arriendo, de un momento a otro era desalojada. El dueño descubría que podía ganar lo mismo en un solo fin de semana con Airbnb, y les pedía la casa​"
Juan David Blanco
Exsecretario de Turismo de Antioquia

El proceso es relativamente sencillo, la llegada de infraestructura moderna, servicios, zonas comerciales y culturales eleva el valor de la tierra y, por tanto, el precio de venta y alquiler de las viviendas. A esto se suma el rol de promotores y propietarios, que aprovechan la creciente demanda para incrementar los precios, alimentando así el ciclo de especulación. Esta dinámica también está impulsada por indicadores positivos. Por ejemplo, en comunas como la 13 y la 8, programas de renovación urbana y mejoras en infraestructura —como el Metrocable, parques lineales y ciclovías— han contribuido significativamente a la valorización del suelo. 

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en el primer trimestre de 2025, el valor de la vivienda nueva en Medellín y su área metropolitana aumentó en promedio un 13,26% respecto al mismo período del año anterior, superando la inflación nacional del 7,36%. En El Poblado, el precio del metro cuadrado para vivienda no turística ha superado los 15 millones de pesos colombianos (3.100 euros), lo que representa un incremento del 50% respecto al precio máximo de 2020. 

En cuanto a los alquileres la historia es similar. Invamer ha confirmado que los arriendos en Medellín superan en promedio en un 7 % a los de Bogotá. Datos de la Cámara de Comercio de Bogotá recogidos en 2023, arrojan que en Medellín los arriendo aumentaron hasta un 81% en barrios como Bolivariana (Laureles), donde el precio por metro cuadrado pasó de $25.500 (6 euros, aproximadamente) en enero a $46.200 (11 euros) en abril. Esto también tiene que ver con el crecimiento del mercado de vivienda turística en Medellín que ha aumentado entre un 18% y un 72% en los últimos cinco años. 

Ricardo Yepes gerente de Abelardo Yepez SAS, una empresa colombiana especializada en la construcción y administración de inmuebles con 155 copropiedades en Medellín, explica que aunque la ley protege a los inquilinos mientras sus contratos están vigentes, “una vez se van, los precios nuevos ya están abiertos a la ley de la oferta y la demanda”. Según COTELCO, “el modelo turístico de la ciudad se ha ido configurando más por la espontaneidad del mercado que por una estrategia integral”. 

Todo está muy caro

"Una familia de cuatro personas que gana dos salarios mínimos no puede vivir donde los taxis cobran en dólares. Eso está pasando en Provenza y en parte de Laureles.​"
Juan David Blanco
Exsecretario de Turismo de Antioquia

El costo de vida en Medellín se ha disparado, superando incluso a Bogotá en algunos indicadores clave. Según el DANE, la inflación anual fue del 5,41 % en mayo de 2025, impulsada principalmente por el alza en restauración, vivienda y servicios públicos. En restaurantes y hoteles el alza fue de un 8,43 %. A ello se suman incrementos notables en educación (5,93 %), salud (4,93 %) y alimentos (4,77 %). 

Y es que poco se habla de la dolarización silenciosa de la economía local, es decir, esa que hace que los comercios y servicios ajusten sus precios al bolsillo del visitante extranjero. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con datos actualizados de octubre de 2024, afirma que el salario medio de los paisas es de 4,1 millones de pesos (aproximadamente unos 800 euros), pero recordemos que Medellín es una ciudad sumamente desigual y el salario mínimo interprofesional actual es de 1,4 millones de pesos (294 euros) y según estudios como DANE/ANIF, más del 45 % de la población ocupada gana menos o igual al mínimo. 

Gobernando

Medellín se enfrenta a un turismo que opera en gran parte en la ambigüedad legal. Plataformas como Airbnb, los tours guiados al pasado narco o incluso la oferta sexual difundida en redes sociales, funcionan sin regulación clara ni supervisión efectiva. “Nos ha tocado enfrentarlo demasiado en edificios donde no se puede, pero algunas personas empiezan a hacerlo. Es un fenómeno que nos puso en jaque, no sabíamos cómo controlarlo”, explica Ricardo Yepes, al referirse al uso residencial irregular para alojamientos turísticos.

Esta falta de control ha sido aprovechada por actores que lucran con lo que debería ser restringido o vigilado. La informalidad y la ausencia de políticas integrales se combinan con una débil capacidad institucional: “Falta la ejecución de esas políticas públicas, no hay el suficiente personal para hacer que esas cosas funcionen bien”, afirman desde COTELCO. El resultado es entonces un sistema donde la complicidad no siempre es explícita, pero sí puede ser estructural.

“Tenemos que generar una política pública de turismo que esté alineada con una política de ciudad, que reconozca la complejidad de Medellín y su historia”
Sandra Restrepo
Directora regional de Cotelco

En Medellín se han delimitado zonas donde no se permite ningún tipo de alojamiento turístico, como parte de los Planes de Ordenamiento Territorial, y desde algunos sectores del mercado inmobiliario se reconoce la necesidad de un mayor control público. “La ciudad requiere más esfuerzo institucional para hacer cumplir las políticas públicas que ya existen”, admite Yepes. 

Porque la memoria existe en cada rincón de la ciudad y está ahí no solo para vanagloriarse de un relato de superación, sino para recordarnos que hay situaciones que la ciudad no puede ni debe permitirse vivir otra vez y hay nuevas dinámicas que establecen patrones que en el silencio pueden llegar a ser casi tan violentos como los que alguna vez se vivieron en las calles de la capital Antioqueña.